Durante el mes de julio, existen fechas de gran reelevancia en la Historia Argentina, muchas de ellas han quedado como muestra de la intolerancia política, y la mayoría están dadas en un contexto diverso y conflictivo.
Para contextualizar el título de este artículo, iremos a la década de 1960, una de las etapas más conflictivas a nivel mundial y local. Cabe recalcar que la Guerra Fría moldeaba cada acción, la tensión que iba subiendo debido a la rivalidad entre EEUU y la URSS, marcaba la agenda internacional. En el ámbito latinoamericano la Revolución cubana mostró un amplio espectro socialista que algunos jóvenes alzaban como bandera en un mundo bipolar.
Los Bealtes, los Hippies, y los movimientos sociales se construían como protesta a la imposición Ética y moral de las costumbres que los Estados quería mantener. En este contexto los estudiantes fueron un polo central que dieron la nota desde Europa en el famoso Mayo Francés (1968), hasta el Cordobazo (1969) en Argentina.
Volviendo a la política argentina, para 1966 el gobierno del Dr. Arturo Illia era derrocado por las influencias corporativas de los algunos sectores dominantes de la Argentina que encabezaron el Gral. Juan Carlos Onganía cerrando así dos gobiernos de la UCR. El nuevo gobierno auto denominado Revolución Argentina eliminó toda legalidad como institucionalidad, imponiendo un Estatuto como instrumento jurídico.
La política de Onganía estuvo marcada por las bases de la denominada Doctrina de Seguridad Nacional, este plan apuntaba al “orden interno” en Latinoamérica y a combatir el socialismo en cualquiera de sus variantes.
La política desarrollada contra las universidades comenzó con la intervención de las mismas por las fuerzas armadas, el fin era controlar a los jóvenes, y su vida no solo académica sino la vida política.
Los hechos comenzaron a las 22hs del 29 de julio de 1969, la autonomía de la Universidades se puso en juego, para lo cual, el Rector de la Universidad de Buenos Aires junto a los decanos de sus facultades se reunieron con el fin de no aprobar y rechazar estas acciones arbitrarias al espíritu de las universidades nacionales. En ese instante llegaron noticias que la policía federal iba en camino.
Los docentes y alumnos se encerraron en el edificio de la universidad en señal de protesta, la policía exigió desalojar el edificio, y lo que se temía pasó. La policía rompió las puertas y con gases lacrimógenos ingresó y requisó a docentes y alumnos, luego los golpearon fuerte. Las amenazas y simulacros de fusilamiento fueron realizados como forma de amedrentamiento.

Los alumnos y docentes fueron llevados a diversas comisarias, y algunas horas y días después fueron dejados en libertad, sin ninguna explicación.
Lo sucedido fue terrible en el marco del no respeto a la diversidad de opinión, pero las consecuencias fueron nefastas para la Argentina. Entre las opciones que se barajaban, una de ellas era hacer un frente de lucha, y la peor de todas abandonar la universidad y migrar a otros países a fin de sostener la formación académica como investigativa. Esto fue la fuga de cerebros más triste del país donde grandes mentes se fueron en un contexto de violencia y dolor.
La críticas de este accionar llegaron desde todas partes del mundo, exigiendo a Onganía un cambio de actitud frente a los docentes e investigadores universitarios, algo que nunca oyó.

Alejandro E. Salazar Peñaloza
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