Me quedó muy grabada esta frase que el Padre Fabricio dijo en una homilía, refiriéndose a una pregunta que le había hecho a un sacerdote anciano cuando era seminarista.
Más o menos, si me acuerdo bien era que por qué los hombres sabiendo que algo es malo, siguen haciéndolo… la respuesta (muy sabia) fue que los hombres y mujeres sentimos deleite, placer, en practicar el mal.
01El “fruto” prohibido relatado en el Génesis es muy apetitoso, y también muy venenoso. Y es un error pensar solamente en el sexo prohibido, hay muchas cosas malas que provocan placer y que están tan o más envenenadas que una relación sexual. En ningún momento en el Génesis (cap.3) se dice que el pecado original haya sido un pecado sexual, y tampoco define el fruto prohibido como una manzana, o cualquier otra fruta, simplemente porque este “fruto” simbólico es algo que nos deleita, hasta el punto de arriesgarnos a perdernos para obtenerlo…placeres, fortuna, fama, poder, pueden ser ocasión de desviar al hombre con sus deleites lejos de Dios, y cerca, muy cerca del mal.
Será por esto o porque en algún momento se me atravesó la figura de San Martín de Porres, el santo de la escoba, que tuve un sueño extraño. Usted sabe que lo típico del subconsciente es comunicarse con símbolos, y que a veces esos símbolos vienen inspirados por el Espíritu Santo. Soñé que había delante mío una especie de laguna muy transparente, y en ella se movía una repugnante víbora abriendo la boca. Busqué alrededor mío un arma para matarla, pero no había nada, solamente… ¡una escoba!. La tomé y con ella atravesé la cabeza de la víbora. ¿Interesante no?…me desperté extrañado y sabiendo que ese sueño tenía un mensaje muy profundo. Y es ahí donde lo relacioné con este santo, que fue grande por su humildad, y el símbolo de esa humildad por supuesto, era su escoba. Burlescamente sus compañeros le llamaban “Fray escoba”.
Claro, usted dirá que tomé demasiado antes de acostarme, pero estoy seguro que la mayoría que lee este artículo ha tenido sueños raros, con símbolos y elementos muy llamativos.
Después de hacer humear mi humilde neurona religiosa meditando, llegué a la siguiente conclusión: la víbora por supuesto es la representación del mal en nuestra alma, en nuestro ser (la laguna), y la única manera de matarla es haciendo actos de humildad (usando la “escoba”).
El problema es que la humildad, los actos de humildad, son penosos y nos hacen sufrir. No es algo atractivo, ni que provoque deleite. Por eso es que es tan difícil por ejemplo pedir perdón a otro, o reconocer que estamos equivocados. Parece que la humildad es algo tan humillante, valga la redundancia, que nadie la utiliza. “La escoba” que Jesús nos dejó queda arrumbada en un rincón sin ser usada, y la mugre del mundo se va amontonando disimuladamente en nuestro corazón, hasta que un día nos espantamos de este sentimiento de deleite que siento pensando, viendo, o haciendo algo malo.
Y si no me cree, piense ¿se acuerda cuando le pasó eso malo a esa persona, y sintió esa satisfacción, ese gozo asqueroso emergiendo de su corazón?… Ahh, no le pasó nunca, entonces disculpe, es que uno tiende a juzgar lo que sienten los demás de acuerdo con lo que uno siente.
Habría que pedirle a este Santo cual fue su secreto para llegar a ser tan humilde… Claro, pero ahora no, estamos tan ocupados con las cosas…despues… Después.
J.R. Millàn
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