Manuel había sido derrotado cruelmente en Vilcapugio y Ayohuma, en octubre y noviembre del año 13.
Con las reliquias de lo que quedaba de su Ejército, entra por Jujuy a las Provincias Unidas. Desde Buenos Aires le echan la culpa de las derrotas y deciden enviarle un reemplazante, un casi ignoto Coronel que hacía poco había obtenido un pequeño triunfo ante los realistas en Santa Fe, a orillas del Paraná.

Manuel, conocedor que su reemplazo sería un militar de carrera, experimentado en el arte de la guerra europea, inmediatamente se pone en contacto con él.
Belgrano era General y San Martín, su reemplazante, era apenas Coronel. Pero a Manuel, el vencedor de Tucumán y Salta, poco le importan los valores de las jinetas. Sólo quiere que llegue pronto ese Oficial nacido en las Misiones Jesuitas, para que reorganice su Ejército vencido. Quizás, en su noble corazón intuyó que José era el elegido por la Providencia para encauzar el destino de la Revolución.
Y así se lo hace saber en una memorable carta…

     “Mi corazón toma un nuevo aliento cada instante que pienso que usted se me acerca, porque estoy firmemente persuadido de que con usted se salvará la patria y podrá el ejército tomar un diferente aspecto. Estoy solo: esto es hablar con claridad y confianza; no tengo ni he tenido quién me ayude, y he andado los países en que he hecho la guerra, como un descubridor. En fin, mi amigo, espero en que usted, compañero, me ilustre, me ayude y conozca la pureza de mis intenciones, que Dios sabe no se dirigen ni se han dirigido más que al bien general de la patria, y a sacar a nuestros paisanos de la esclavitud en que vivían”.

    “Empéñese usted en volar y en venir, no sólo a ser mi amigo, sino maestro, compañero, y mi jefe si quiere, persuádase que le hablo con mi corazón, como lo comprenderá con la experiencia constante que haga de la voluntad con que se dice suyo”.
MANUEL BELGRANO.

A través de cartas como esta, Manuel y José se irán conociendo. Hasta que en un día de enero de 1814, en la Posta de Algarrobos (no fue en Yatasto), se conocerán en persona, dándose el abrazo tantas veces prometido.
Se prodigaran una inquebrantable amistad, hasta la prematura muerte de Manuel en 1820.
De aquel encuentro en Algarrobos, en poquitos dias se cumplirán 209 años.

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