Mitre era Argentino de casualidad.

Hijo de modesta familia uruguaya, nació accidentalmente en Buenos Aires.

Como militar se destacó porque aún contando con fuerzas superiores, nunca ganó una batalla. Como político, su ascenso fue paralelo con el que hizo en la masonería. Como historiador contó y ocultó lo que le convino.

A los 14 años, Bartolomé comienza a trabajar en una de las estancias de Rosas, regenteada por Gervasio Rosas, hermano del restaurador. El joven Mitre no logra adaptarse a la férrea disciplina de la estancia y es devuelto por Rosas a su padre con estas palabras: “Dígale a Don Ambrosio que aquí le devuelvo a este caballerito, que no sirve ni servirá para nada, porque cuando encuentra una sombrilla se baja del caballo y se pone a leer.”

Durante la época de Rosas se dedicó a la literatura periodística defendiendo los argumentos unitarios, desde Montevideo, sin cruzar el charco.

Participó durante la batalla de Obligado, pero no como soldado sino como observador. Tampoco lo hizo desde las baterías de Obligado ni de tierra firme, sino desde los buques ingleses que violaban la soberanía nacional. (“El grumete” lo apoda Carlos Saavedra Lamas)

“Los que cometieron aquel delito de leso americanismo (apoyar la invasión francesa), los que se echaron en brazos de la Francia para salvar la civilización europea, sus instituciones, sus hábitos e ideas en las orillas del Plata, fueron los jóvenes, en una palabra, ¡fuimos nosotros! … Somos traidores a la causa americana, española, absolutista, bárbara… De eso se trata, de ser o no ser salvajes” (Sarmiento)

Apareció en Buenos Aires después de Caseros henchido de ideas liberales y patrioterismo. Su pluma hábil y sus discursos, su pálida figura flaca y alta, (“El Tísico” lo apoda Urquiza) su traje de gabardina inglesa, su barba y melena larga le dieron cierto renombre de joven romántico, una especie de Don Quijote adaptado al Buenos Aires de la época, que provocó la adhesión y admiración de los jóvenes románticos que festejaban sus discursos ampulosos y lo acompañaban hasta su casa vitoreándolo, creyéndolo además un glorioso militar, sin su debida oportunidad hasta el momento.

La búsqueda de gestas heroicas como pedestal para su política de charlatanes lo llevó a buscar glorias que nunca obtuvo, y a perder a mano de un minúsculo grupo de indios mal armados, que con la tercera parte de las fuerzas en Sierra Chica le comieron hasta los caballos.

Coronel artillero y amante de las culturas foráneas, estudiaba las tácticas y estrategias de guerra científicas que se aplicaban en Europa, pero no daban resultados en estas pampas salvajes.

Iluso, se veía a si mismo como una especie de genial estratega al estilo de Napoleón o Carlomagno. Incapaz en el campo de batalla (“a Mitre no se le ocurre nada en el campo de batalla” diría D`Amico, oficial porteño.) pero dotado de un optimismo enfermizo lo hacía avanzar en el campo de batalla “hacia ningún lado”, como cuando las tropas enemigas se le habían esfumado en Cepeda y su terquedad no le dejaba ver que estaba totalmente derrotado, casi solo, de noche en el medio del campo y totalmente rodeado por el enemigo que le daba la oportunidad de escabullirse.

Escarmentado en todas las batallas que participó y más predispuesto a salvar el pellejo que a arriesgarlo, lo llevaba a disparar antes de tiempo, como en Pavón cuando Urquiza le “regalaba” el campo de batalla y la victoria. “No dispare general, que ha ganado” diría el parte que lo alcanzaba en su huida furtiva, para enterarlo de la realidad.

Incapaz de matar una gallina con un cañón, era capaz de cazar dos leones con la charla, hacerlos pelear entre si hasta quedar extenuados y convencer al ganador que se sometiese manso, a sus consejos.

Vencido en los campos de batalla era capaz de transformar las derrotas en triunfos o en “heroicas retiradas”, buscar chivos expiatorios (Alsina) y volverse sobre el vencedor (Urquiza) y halagarlo hasta someterlo enredado en su política y su palabrerío. (a Urquiza lo llamará el “Washington de la América del Sur” , para sobrealimentar su ego)

(JMR) Rosa, José Maria : Historia Argentina.
Fuente Marcelo Torrilla


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