*Alejandro E. Salazar Peñaloza
La vida de las mujeres no ha sido sencilla en ningún momento, pero siempre su valentía se ha destacado de sobremanera. La Historia casi siempre las ha relegado a un segundo plano, algo que con el tiempo ha sido desmitificado totalmente.
Este territorio caracterizado por hombres de valentía y entrega, también ha gestado mujeres de la misma altura y talla. Ellas han protagonizado los mismos hechos, aventuras y desventuras, cada una en su tiempo.

Para comenzar debemos ubicarnos en Buenos Aires entre los siglos XVIII y XIX, lo que comúnmente llamamos la época colonial y que culminará con la Revolución de Mayo de 1810. Aquella ciudad porteña nada tiene que ver con lo que hoy es, sus calles de barro y sus casas bajas nos remontan a un terruño anticuado. Sin embargo, la misma escondía sus secretos de amores más profundos y clandestinos, sin olvidar aquellos prohibidos y clausurados.
En el seno de la familia de los Sánchez, los problemas comenzaron cuando la joven Mariquita debía contraer matrimonio. Las nupcias eran arregladas por conveniencia de los padres, las mayoría de las veces buscaban emparentar familias de ciertos apellidos que en el futuro proporcionarían algún rédito económico. Por mandato del padre, María Josefa debía casarse con Diego de Arco; este era un español emparentado con el primer marido de su madre.
La muchacha de carácter áspero y rebelde, sólo tenía ojos para su primo, Martín Thompson, este joven de condición económica y social inferior que el candidato que sus padres tenían.

Como era de esperar, la caprichosa (o valiente) Josefa, ante su negativa de esposarse con Diego, fue enviada a una Casa de ejercicios espirituales, un tipo de Convento. Este fue su castigo por tanta insolencia.
La muerte de su padre desesperó a su madre, quien volvió a insistir en el matrimonio arreglado, con 17 años, el no rotundo aquejaba a su madre. Por pedido expreso de arreglar asuntos familiares, Martín Thomson volvió de España a Montevideo. Su amor intacto por Mariquita lo llevó, según algunos relatos, a visitarse a escondidas con su amor prohibido.
Las presiones y las amenazas eran constantes; Martín decidido a jugársela el todo por el todo, recurrió a la jurisprudencia vigente la “Pragmática Sanción para evitar el abuso de contraer matrimonios desiguales”. Esta ley era de 1778 y sostenía el derecho de elección de los matrimonios por las partes contrayentes y en contra de las presiones familiares y/o de tutores. El enamorado llevó a juicio a la madre de Josefa, pero la decisión final la tenía el Virrey del Pino. El mismo fue removido de su cargo y asumió Sobremonte, quien sostuvo el derecho de la joven a elegir a su marido.

Ser viuda no iban de la mano y de los dichos de la sociedad de aquella época, con 34 años volvió a casarse con Jean-Baptiste Washington de Mendeville, que luego será nombrado cónsul francés, gracias a los contactos de su esposa, ese matrimonio se fue despedazando con el tiempo.
Aquella joven rebelde e insolente fue – y aun es- un claro ejemplo de la fuerza de aquellas mujeres que se antepusieron a los mandatos sociales y culturales de época, levantando escudos y espadas para defender sus anhelos y derechos.
*Prof. Titular- Catedra Antropología Cultural- Dpto. Historia- FFHA-UNSJ
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