Hola amor,
perdón por dejarte sola tan pronto, yo tampoco quería venir, pero tú sabes lo inmenso que es Dios…
Me duele mucho verte tan triste, ¿sabes?
A veces me desespero, querría gritar muy fuerte, pero nadie me escucha…
Ya pasó un tiempo desde que estoy aquí, a medias, porque tu desesperación y dolor no me sueltan.
Amor, quería pedirte un favor: trata de reponerte y poner distancia entre tú y yo, ¿si?
Escucha, aquí tuve tiempo de analizar nuestro gran amor: todo fue mágico para nosotros desde que nos conocimos, bello cuando te conocí, nuestra boda mágica, nuestros amigos, el nacimiento de nuestra hija… Mágico, mágico, mágico. Todo bello y armonioso…
Un día salí a trabajar para ti y nuestra hija y ya jamás volví… La muerte me sorprendió. No lo podía creer…
Ahora desde aquí, desde el cielo, y con más tiempo, veo todo más claro, veníamos tan rápido, llenos de amor y ternura que no nos dimos cuenta que pronto todo acabaría…
Yo ya no estoy más contigo y tú, mi muchacha bella, sufriendo horrores por mi partida.
Perdón ¿si? Amor, debes reponerte, Dios tiene proyectos maravillosos para ti y nuestra hija.
Él te fortalecerá, con el tiempo serás esa gran mujer que, a pesar del gran dolor que cargas en tu alma, supo salir adelante con nuestra hija.
Ojalá el tiempo pase pronto, y una mañana cuando despiertes, el dolor sea solo un recuerdo pasado, y sonrías acordándote de los hermosos momentos que pasamos, los cuales nos hicieron tan felices…
Cuando pase el tiempo y tu tarea de madre y abuela concluya, te esperaré con los brazos abiertos y podré abrazarte y besarte como cuando nos conocimos, y entonces viviremos en el cielo lo que en la tierra se nos negó.
Te amo y siempre te cuidaré desde aquí, el cielo.
Hasta siempre amor… Mi muchacha hermosa, vida de mi vida.
Yo, tu eterno amor…




























