Raíces de Amor, Olivos de Vida: Nuestra Historia en La Pocitana

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Hay historias que no se escriben solo con palabras, sino con las manos sumergidas en la tierra, con el sudor bajo el sol sanjuanino y con la promesa silenciosa de sembrar un futuro para las generaciones que vendrán. La historia de La Pocitana es, ante todo, un canto de amor a la familia, al trabajo honesto y a la pasión olivícola que corre por nuestras venas.

Todo comenzó con el coraje y la visión de los abuelos, Don Francisco Lara (andaluz) y Doña Juana Alcaide y por su yerno, Don Enrique Torés, quien unió su vida y su destino a nuestra Querida Encarnación Lara. Ellos supieron mirar a Pocito no solo como una extensión de suelo seco, sino como una promesa de abundancia. En una época en que los agricultores pocitanos se dedicaban mayoritariamente a la vid, Don Enrique Torés y Don Francisco Lara se guiaron por las raíces ibéricas y la experiencia de “Don Paco” para plantar los primeros olivares de la zona. Fue con ese espíritu pionero con el que pusieron sus manos en el suelo y sembraron sobre la Calle 14, La Rinconada. Aquellas ramas frágiles que se abrían paso bajo el cielo infinito de San Juan no solo trajeron los primeros olivos a estas tierras, sino que sentaron las bases de una tradición inextinguible. Su trabajo constante los convirtió en productores tradicionales que lograron sobreponerse a las diversas crisis de la olivicultura nacional y provincial.

Juntos, con fe y sacrificio, continuaron cultivando no solo olivos, sino un hogar lleno de valores firmes, templados al calor de la dedicación diaria. De ese amor nacieron sus cuatro hijos: Azucena, Adolfo, Roberto y Enrique, quienes crecieron correteando entre las sombras de las hileras de olivos, entre cabras, ovejas, pavos reales, gallinas, conejos, vacas, caballos y hasta colmenas con abejas para obtener la miel. Aprendiendo desde pequeños a escuchar el susurro del viento Zonda, entre sus hojas plateadas y a respetar el tiempo sagrado de cada cosecha.

Hoy, al contemplar esos olivos centenarios de la Calle 14 —troncos retorcidos por los años que custodian la memoria de quienes nos precedieron— sentimos un orgullo inconmensurable. La Pocitana es la cuarta generación de una familia de productores olivícolas que honra cada día ese origen sagrado.

Somos guardianes de una herencia viva. En cada gota de nuestro aceite, en cada fruto que seleccionamos con la paciencia de lo artesanal, laten la valentía de Francisco y Juana, el esfuerzo de Enrique y Encarnación, y la resiliencia de Azucena Torés y Humberto Moral, quienes sobre 1995 crearon Granja Pocitana ( hoy La Pocitana).

Heredamos una tradición, heredamos el corazón puesto en cada detalle, la convicción de que las cosas bien hechas llevan tiempo y pasión, y el compromiso de seguir brindando al mundo lo mejor de nuestra tierra.

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