Un homenaje a grandes maestros de nuestra historia: “Maestros olvidados”

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Se llama Juan Maldacena y tiene apenas 50 años. Nació en el barrio porteño de Caballito y hoy está en la tapa de varios diarios del mundo porque ganó el Yuri Milner que es un premio a las investigaciones sobre física que otorga tres millones de dólares, un dato para comparar: El premio Nóbel otorga apenas un millón doscientos mil dólares.

Esto no es todo. A los 30 años, Juan, recibió en Budapest uno de los mayores reconocimientos que existen en el campo de la ciencia y fue tapa del New York Times. Se podría hacer una película titulada: “Juan, de Caballito a Budapest”. O mejor dicho, a Harvard. Allí en Harvard, en la cumbre de la excelencia educativa, está trabajando este ex vecino del barrio porteño de Caballito. Es el profesor vitalicio más joven de la historia de Harvard.

Juan es la expresión de una historia luminosa que debería hacer inflar de orgullo el pecho a los argentinos. Hay que tomarlo como una forma de superar tanta irracionalidad y odio que a veces siembra la realidad cotidiana.

Maldacena es el creador de una teoría revolucionaria que lo convirtió en el niño mimado de la física moderna y en uno de los científicos más populares del planeta. Muchas publicaciones científicas se preguntan si el mundo no está ante la presencia de un nuevo Albert Einstein.
Es que precisamente, su gran descubrimiento tiene que ver con ese emblema universal del conocimiento que fue Einstein. Juan formuló una nueva teoría que explica mejor cómo está formado y cómo funciona el universo.

Un intento de explicar con palabras sencillas su teoría como para que lo entienda gente ajena a la física, Maldacena relacionó y unificó la “Teoría de la Relatividad”, que describe el funcionamiento de objetos tan grandes como estrellas, galaxias o el propio universo, con la teoría de la mecánica cuántica que analiza el comportamiento de los mundos infinitesimales, como los electrones o los Quarks.

Este porteño es profesor en la Escuela de Ciencias Naturales del Instituto de Estudios Avanzados de Princeton, el mismo en el que trabajó y murió Einstein.

Juan es el típico producto de la movilidad social ascendente de una típica familia de clase media porteña que podía enviar a su hijo a la universidad.

Historias como esta merecen ser contadas porque ayudan a levantar el ánimo de los argentinos ante tanta basura de inseguridad, corrupción y peleas por el poder como hay. Es una forma de reafirmar que los argentinos aún pueden, como alguna vez pudieron, algo que se ve reflejado en varios premios Nobel científicos y otros obtenidos. Es una expresión de que en la Argentina no todos son solo futbolistas, o políticos corruptos, o piqueteros, o delincuentes, o “la mano de Dios”… Los argentinos generalmente descollan a nivel mundial en forma individual, pero les es muy difícil lograrlo a nivel de grupo o equipo, justamente al revés que otras sociedades.

Un orgullo para el país.
A todos nos gustaría felicitarlo, aclamarlo como a un campeón… Sin embargo, nadie habla de él…

 

¿Sabías que Juan Pedro Garrahan (1893 – 1965) fue un reconocido pediatra y profesor universitario, cuyo nombre lleva uno de los más prestigiosos hospitales públicos del país?

Nació en Buenos Aires el 24 de septiembre de 1893 y, a los 18 años, comenzó sus estudios en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.

El doctor Garrahan no solo ejerció como médico, sino que también se convirtió en un referente en la formación de nuevas generaciones de profesionales en el ámbito de la pediatría.

Por eso dedicó gran parte de su vida a la escritura. Publicó numerosos artículos en revistas especializadas, tanto nacionales como internacionales, y colaboró en la elaboración de los Archivos Argentinos de Pediatría, la revista oficial de la Sociedad Argentina de Pediatría, del cual también fue director.

Su trayectoria lo llevó a desempeñar funciones en instituciones de renombre. Fue jefe del Servicio de Pediatría del Hospital Rawson y trabajó en la maternidad del Hospital Rivadavia y en el Hospital de Clínicas, donde estuvo a cargo de Cirugía Infantil y Clínica Pediátrica.

El doctor Garrahan falleció el 3 de abril de 1965. En 1979, en homenaje a su legado y a su contribución a la salud infantil, la Secretaría de Salud Pública de la Nación nombró en su honor al Hospital Nacional de Pediatría.

Poco tiempo después, el nuevo Hospital Juan P. Garrahan se inauguró durante la presidencia de Raúl Alfonsín 🇦🇷 (1927 – 2009), el 25 de agosto de 1987, y se considera el principal hospital pediátrico de Argentina.

Es público, nacional y gratuito y de su financiamiento está compuesto en un 80% por aportes del Estado nacional y 20% por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Además, se destaca por su labor en la atención de niños y adolescentes de todo el país con diversas patologías, incluidos casos de alta complejidad y trasplantes.

En abril de 2013 comenzó la construcción de un nuevo bloque edilicio, el Hospital de Día Clínico Oncológico. La obra fue llevada por Fundación Garrahan y la Fundación Nuria. El sector sumó 4800 m² útiles: 25 consultorios, salas de internación con 40 camas para administración de quimioterapia, 10 habitaciones de aislamiento con baño, consultorio odontológico especializado, tres espacios de reunión, tres oficinas para médicos, sala de estar y comedor de enfermería, entre otras comodidades.

En 30 años, el Hospital lleva realizados 2.246 trasplantes, 241.020 cirugías, atiende a más un tercio de los pacientes pediátricos con cáncer en el país y coordina el Programa Nacional de Telemedicina, una innovadora modalidad para el seguimiento de pacientes a través de plataformas telemédicas, con más de 220 oficinas de comunicación a distancia a lo largo y a lo ancho de la Argentina.

Cuenta con 18 quirófanos, 200 consultorios, áreas de neonatología y unidad de quemados, un banco de sangre de donantes 100% voluntarios, banco público de cordón umbilical, banco de tejidos, banco de tumores y laboratorios de biología molecular.

También ha desarrollado el primer centro de simulación en un hospital público pediátrico con más 1000 horas simuladas de prácticas médicas por año desde 2013.

El presupuesto del hospital se encuentra congelado desde 2024, lo que generó un conflicto con el gobierno nacional que se intensificó a partir de mayo de 2025 con paros y movilizaciones. El gobierno acusó al hospital de ineficiente, por tener empleados administrativos dibujados por el kirchnerismo, a pesar de que la proporción es la normal en cualquier hospital.

El 28 de junio de 1847 fallecía en Salta un gran patriota desconocido por muchos el Dr. Joseph James Thomas Redhead, murió en la pobreza pero rodeado de gran respeto fue enterrado según su voluntad en un panteón construido en su propia quinta un predio donde hoy está la iglesia Santa Teresita de Salta (calle La Florida esq Tucumán) antiguo convento de las carmelitas y que luego paso a manos de los agustinos.

Redhead nació en Escocia en 1767 cursó sus estudios en el Real Colegio de Edimburgo. Luego estudió en la universidad de dicha ciudad, en la que en 1789 se graduó de médico. Al llegar a Buenos Aires, para no denunciar su origen británico dijo que era originario de Connecticut.

Antes de su arribo al país había realizado estudios en la célebre universidad alemana de Göttingen, donde conoció al celebre científico Alexander von Humboldt.

Fue Humboldt quien le habría dado a Redhead “un itinerario para explorar especialmente las hoy provincias del norte argentino”. Es por eso que viajó extensamente, estudió la vegetación del norte argentino y estuvo algún tiempo en Rosario de Lerma, donde estudió el tifus y la malaria. En 1812 se trasladó a Tucumán donde fue médico de Belgrano, a quien acompañó victorioso en la batalla de Salta en 1813, así como también en las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma. En ese momento Belgrano estaba afectado por un ataque de paludismo, y su fiebre, sus escalofríos con fuertes temblores fueron finalmente controlados cuando el Dr. Redhead le administró un extracto de corteza de quina. Años después se confirmó que dichos extractos contenían quinina, medicamento que todavía hoy se usa para tratar algunas formas de paludismo. Fue Redhead el médico que asistió a Belgrano en su lecho de muerte justo antes de su fallecimiento, Belgrano pidió a su hermana Juana que buscara su reloj de oro de bolsillo, y se lo dio al Dr. Redhead como pago por sus servicios. Dijo: “Esto es todo lo que tengo para dar a este hombre bueno y generoso”. En 1821 Regresó a Salta para ayudar en su últimos días al Gral Guemes y fue el quien le diagnostico la gangrena que llevaría a la muerte al Héroe Gaucho. Ejerció su profesión en la ciudad de Salta por muchos años, y entre sus pacientes distinguidos se encontraban a Macacha Güemes y su familia, al General Arenales, al General José Gorriti y al Coronel. Manuel Puch.

Tuvo un extenso intercambio epistolar sobre sus hallazgos botánicos y geológicos con el Sr. Woodbine Parish, también compartió sus conocimientos con Edmund Temple, y con el Capitán Joseph Andrews quien le agradece los datos sobre minerales que le dio, en los que resulta sumamente interesante la mención del petróleo. Este dato es crucial en la historia del petróleo en la Argentina, porque constituye uno de los antecedentes más antiguos.

Fue Redhead quien coleccionó los primeros papeles para la historia de Güemes por un encargo que le hiciera Manuel Puch. Su valiosa biblioteca fue heredada por Roman Tejada, el esposo de Macacha Güemes.

La vida y obra de Redhead constituye la primera página científica concreta para la historia de Salta y, en especial, del primer naturalista y andinista científico.

En el Centenario de su fallecimiento, fue conmemorado y homenajeado por la Cátedra de Historia de la Medicina de la Universidad de Buenos Aires, y el famoso historiador Arnold Toynbee, en una visita a Salta en 1966, virtió conceptos de respeto y admiración a la figura de este eminente científico.

En imagen recreación del Doctor Redhead cuidando al Gral. Belgrano en sus últimos momentos.
Fuente: Evocaciones Norteñas de Juan Oscar Wayar.

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