26 DE JULIO DE 1822
LA ENTREVISTA DE GUAYAQUIL
Mucha tinta se ha escrito con relación a aquella famosa reunión que celebraron en la Ciudad de Guayaquil, Ecuador, los dos grandes Libertadores de América, el Brigadier General José de San Martín y el General Simón Bolívar, el 26 de julio de 1822.
Se ha hablado de renunciamientos. De incompatibilidades de criterios. De lucha de intereses. De personalismos…
Pero para aclarar todo eso, lo mejor es leer a uno de sus protagonistas, el General San Martín.
El general Guillermo Miller, de activa participación en la Guerra de Independencia Sudamericana, estaba realizando una Historia de la misma. Y le solicita a Don José, que le hiciera un resumen de aquella famosa entrevista con Bolívar.
Y el Libertador le contesta en una carta de esta manera:
“En cuanto a mi viaje a Guayaquil, él no tuvo otro objeto que el de reclamar del General Bolívar los auxilios que pudiera prestar para terminar la guerra del Perú: auxilio que una justa retribución (prescindiendo de los intereses generales de América) lo exigía por los que el Perú tan generosamente había prestado para libertar el territorio de Colombia. Mi confianza en el buen resultado estaba tanto más fundada, cuanto el ejército de Colombia después de la batalla de Pichincha se había aumentado con los prisioneros y contaba con más de 9.600 bayonetas; pero mis esperanzas fueron burladas al ver que en mi primera conferencia con el Libertador me declaró que haciendo todos los esfuerzos posibles, solo podría desprenderse de tres batallones con la fuerza de 1.070 plazas. (Nota del autor: en realidad 1.700 plazas). Estos auxilios no me parecieron suficientes para terminar la guerra, pues estaba convencido de que el buen éxito de ella no podía esperarse sin la activa y eficaz cooperación de todas las fuerzas de Colombia.
Así es que mi resolución fue tomada en el acto creyendo de mi deber hacer el último sacrificio en beneficio de la patria. Al siguiente día, en presencia del vicealmirante Blanco, dije al libertador Bolívar que, habiendo convocado al Congreso del Perú para el próximo mes, el día de su instalación sería el último de mi permanencia en el Perú añadiendo: “Ahora le queda a usted, General, un nuevo campo de gloria en el que va usted a poner el último sello de la libertad de la América.” “Yo autorizo y ruego a usted, escriba al general Blanco a fin de ratificar este hecho.” “A las dos de la mañana siguiente me embarqué, habiéndome acompañado Bolívar hasta el bote, y entregándome su retrato con una memoria de lo sincero de su amistad. Mi estadía en Guayaquil no más que de cuarenta horas, tiempo suficiente para el objeto que llevaba”.

























