Alejandro E. Salazar Peñaloza(*)

A lo largo de los últimos 20 años, Halloween se ha convertido en una festividad que los niños argentinos han tomado como referencia, es que la extranjerización de celebraciones y de formas de prácticas culturales sostenidas por las redes sociales y los medios de comunicación se han afianzado cada vez más. Si bien los niños y jóvenes de la Argentina lo ven solo desde un lado jocoso, su origen es mucho más profundo.

Existen diversas explicaciones de la festividad y esto se debe a que su origen es celta, y luego cuando llega a las colonias inglesas en América se cargó de nuevos sentidos. Para comenzar a entender debemos partir de que toda creencia es cultural y por lo tanto particular, y nos remite a la esencia misma de sus creyentes.

            En el hemisferio norte, durante los días 31 de octubre y 1 de noviembre, se establece el equinoccio de invierno, momento donde se produce una dualidad: por un lado el final de la cosecha trae como resultado la festividad y por otro un proceso de reposo donde la luz del día comienza a disminuir. Es allí donde aparece y se fortalece esta festividad. Según los celtas entre la noche del 31 y las primeras horas del 1 de noviembre se daba el samhain, un espacio-tiempo donde los espíritus podían transitar en la tierra y visitar a sus seres queridos, sin embargo habían espíritus malvados que atemorizaban a los pobladores. Para contentar a los mismos se colocaba en la puerta de la casa diversos alimentos a fin de ofrenda y de mantenerlos contentos.

            Cuando esta festividad llegó a las Colonias Inglesas (EEUU), sufrieron algunas modificaciones, su nombre All- Hallows^ Eve, traducido como Vísperas del Día de Todos los Santos. La tradición de pedir caramelos o dulces en esta fecha y de disfrazarse concuerda directamente con las creencias. Los niños simulan ser estos espíritus traviesos.

Uno de los símbolos más comunes que vemos de esta celebración es la calabaza de Halloween, la misma esconde una historia. Según la leyenda, Jack, un herrero, jugando con el diablo, le tiende una trampa, y lo engaña para que suba a un árbol y baje una manzana; cuando sube, Jack coloca una cruz en el frutal impidiendo que este pueda bajar, tras el ruego el herrero hace un trato con el demonio: si éste lo dejaba bajar, el maligno no lo llevaría al infierno; el trato fue aceptado. Al tiempo Jack muere, pero al llegar al cielo no puede ingresar, por lo tanto es enviado al infierno, y como había un pacto tampoco puede ingresar. Esto lo lleva a convertirse en un alma en pena; al pasar el tiempo, se quejó de vagar en la oscuridad y el demonio al ver esto se apiadó y sacó una brasa candente del infierno y se la entregó. Para que esta no se apagara, el herrero tomó un nabo, lo ahuecó y puso allí la brasa para poder iluminarse. Cuando llegó la tradición a los EEUU cambiaron el nabo por calabazas, esta es la historia de Jack O’ Lantern, Jack el de la linterna.

Prof. Titular de la Cátedra Antropología Cultural- Dpto. Historia-FFHA-UNSJ


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