por Alejandro E. Salazar Peñaloza(*)

 

            El 16 de octubre de 1984, una notica, tal vez de las más deseadas por los hombres de ciencia, es conocida: el Dr. César Milstein es galardonado con el Premio Nobel de Medicina junto a otros colegas: el alemán George J. Köhler y el dinamarqués Niels K. Jerne, sus investigaciones sobre inmunología y anticuerpo para el tratamiento del cáncer habían generado una gran admiración de sus colegas mundiales.

Poco conocemos de César Milstein, este argentino dedicó su vida a la ciencia, y sus avances han servido para la medicina y la química contemporánea.

El Dr. Milstein nació en la ciudad de Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires, un 8 de octubre de 1927. Según sus biografías era un chico rebelde, y su pasión por la biología y la química nació desde muy joven influenciado por el libro “Los Cazadores de Microbios” de Paul de Kruif. Sus ansias de conocimiento lo llevarán a Capital Federal, donde ingresará a la Universidad de Buenos Aires para 1945, donde primero se recibirá de Licenciado en Ciencias Químicas y en 1956 obtendrá el título de Doctor en Química por la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales.

Por su trabajo y dedicación, le otorgaron una beca en la Universidad de Cambridge, donde obtuvo su pos-doctorado en 1960. Un año después regresó a Buenos Aire y tomó la dirección de la División de Biología Molecular del Instituto Nacional de Microbiología. Para 1962 la situación política lo obligó a exiliarse en Inglaterra, allí se dedicó al trabajo con las inmunoglobulinas, buscando comprender cómo el cuerpo produce las defensas y sus anticuerpos, y así desarrollo una técnica para crear anticuerpos con idéntica estructura química.

Así, para 1983, Milstein fue nombrado jefe y director de la División de Química, Proteínas y Ácidos Nucleicos de la Universidad de Cambridge. Lo que lo llevará recibir el premio tan deseado.

Su trabajo lo llevó a recibir diversos premios en todo el mundo y en nuestro país, pero su pensamiento en diversas entrevistas era claro, para él la ciencia siempre debe llegar a la gente; ese es el fin último. Su pensamiento ético mostraba cómo era realmente: una persona sencilla y humilde.

El 24 de marzo de 2002, a los 74 años el Dr. César Milstein pasó a la inmortalidad, una afección cardíaca terminó con su vida de científico.

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Webgrafía

 

(*) Profesor Titular- Cátedra Antropología Cultural- Dpto. Historia-FFHA-UNSJ


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